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Salud materno infantil. Algunos (no) resultados de las políticas de salud

Por La Fábrica Porteña
14-03-2015

En consonancia con lo trabajado desde el Área de Salud de La Fábrica Porteña, continuamos analizando la situación de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a través de algunos indicadores básicos que son utilizados para reconocer la situación de la morbi-mortalidad materno infantil y resultan fundamentales para establecer un diagnóstico en clave de avances y retrocesos en la gestión de las políticas de salud del GCBA.

En este sentido, y antes de comenzar con un análisis pormenorizado de estos indicadores, es importante delimitar el lugar ocupa la salud en la agenda política del macrismo. Una manera de identificarlo es a través de la evolución presupuestaria del organismo competente en la materia y de algunas de las reparticiones presupuestarias destinadas al abordaje de la salud materno infantil. Entre 2007 y 2015, la asignación presupuestaria otorgada al Ministerio de Salud de la CABA pasó de ser del 23% a aproximadamente 18% del presupuesto total de la Ciudad. Esta caída de 5 puntos porcentuales en 8 años implica la pérdida de inversión con claros impactos negativos tanto para los usuarios como para los profesionales y trabajadores de la salud ya que no sólo es baja la inversión en infraestructura y equipamientos, sino que también la situación laboral se ve perjudicada (tanto por falta de recursos e insumos para trabajar como por los bajos sueldos), deviniendo en una pobre calidad de atención, afectando los servicios brindados según las leyes nacionales y distritales en vigencia.

En lo que respecta específicamente a la salud materno infantil, hacia el interior del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, es el Programa de Promoción y Cuidado de la Salud del Niño la principal repartición presupuestaria que financian las acciones en la materia. En él se encuentran comprendidas todas las políticas públicas destinadas a la promoción y asistencia de la salud de estos grupos poblacionales, como por ejemplo el Plan Materno Infantil, cuyo objetivo es prevenir factores de riesgo y brindar la asistencia correspondiente a madres y niño/a desde el primer minuto de vida hasta los 5 años de edad. Este programa refleja la misma tendencia presupuestaria que el Ministerio de Salud, dicho de otro modo, al igual que el presupuesto jurisdiccional, el Programa de Promoción y Cuidado de la Salud del Niño experimenta una caída presupuestaria significativa en los últimos años de gestión macrista. De 2013 a 2014, el presupuesto decreció 43,35 puntos porcentuales y de 2014 a 2015 aumenta sólo un 6%, encontrándose muy por debajo del índice inflacionario previsto por el GCBA para la elaboración del presupuesto 2015, que fue de un 28% respecto al año anterior. De esta manera, en consonancia con el reflejo de lo que sucede al nivel del Ministerio de Salud, estas asignaciones presupuestarias expresan un claro desinterés por parte de la actual gestión del GCBA por mejorar la atención y calidad de salud (y de vida) de madres y niños/as y la calidad de salud y de los servicios asistenciales prestados a los mismos.

Situación de Salud: Evolución de la TMI y TMM entre 2007 y 2013

A partir de la actualización de datos del Anuario Estadístico del año 2013 realizado por la Secretaria de Políticas, Regulación e Institutos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud de la Nación (DEIS), rectificamos las tendencias decrecientes que vienen siendo reconocidas desde nuestra área. Tal como fue identificado en informes anteriores, a pesar de que las tasas generales de morbi-mortalidad materna e infantil se mantengan en descenso a nivel nacional, no ocurre de igual manera en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A continuación se presentan los datos que sustentan esta argumentación.

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En relación a la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI) por mil nacidos vivos según el lugar de residencia de la madre, es posible identificar que si bien la TMI total a nivel Nacional descendió casi 3 puntos porcentuales en 7 años, no sucede lo mismo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que en igual periodo de tiempo pasó de ser 8.4% a 8.9%, revirtiendo la tendencia que acompaña la situación de este indicador a nivel nacional. Además, sumado a esta situación, se reconoce una tendencia irregular TMI entre 2007 y 2013, que parecería indicar una falta de incidencia de políticas públicas que funcionen con objetivos consistentes y perdurables en el largo plazo.

Más detalladamente, podemos diferenciar la TMI por 1.000 nacidos vivos según el momento en que se haya producido el deceso. En este sentido, la tendencia mencionada se repite en los casos de fallecimiento neonatal: a nivel nacional se observa un decrecimiento de 1.1% mientras que en CABA aumenta un 1.1% durante el período analizado. En los casos en que haya ocurrido en un momento pos neonatal según las estadísticas sucede que en ambos casos decrece pero en Nación cae un 1,4% y en CABA un 0.5%.

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El informe La desigualdad se profundizó con la gestión macrista sobre mortalidad infantil de La Fábrica Porteña – publicado el 10 de Noviembre del 2014-, sostiene que no sólo existe una clara falta de planificación y aplicación de políticas públicas destinadas al abordaje de la población identificada, sino que también la brecha de desigualdad medida a partir de los fallecimientos ha crecido entre el Norte y el Sur de la CABA. En este sentido y tal como fue enunciado en el mencionado informe, “Respecto de las diferencias entre zonas al interior de la Ciudad, cabe destacar que durante 2013, en las comunas 4, 8 y 9 murieron en promedio 10.7 bebes por cada mil que nacieron, más del doble que en Zona Norte (5.2 por cada mil nacidos vivos).” A partir de esta afirmación se puede concluir que durante la gestión macrista, la diferencia de acceso a la información y condiciones dignas de atención para prevenir la mortalidad infantil impactan directamente en el valor de los indicadores analizados, ya que la brecha entre la zona Sur y la zona Norte pasó de ser 64% al 84%, identificando un aumento de la misma en un 20% entre ambas zonas. Además, la mortalidad infantil cada mil nacidos vivos en embarazos de adolescentes de hasta 19 años en el momento del parto presenta diferencias porcentuales muy dispares en toda la Ciudad: las comunas 1, 4 y 8 son las más afectadas con alrededor de 10 y 11 puntos porcentuales en razón de fallecimientos infantiles en ellas. No es casual que estas comunas sean las que presentan el nivel adquisitivo más bajo. En contraste, durante 2013 las comunas 2 y 11 son las que menores porcentajes de mortalidad infantil al momento del parto presentan: 5,1% y 4% respectivamente de fallecimientos de niños y niñas en madres menos de 19 años al parir cada 1.000 nacidos vivos. Estas afirmaciones concluyen en establecer que la calidad de la atención y el acceso a la salud se ve claramente afectado según las zonas de residencia y el tipo de cobertura con el que cuentan los vecinos de la Ciudad. En este caso, Norte y Sur de la ciudad, responden respectivamente a los sectores de nivel socioeconómico más bajos (Sur) y más altos (Norte), siendo la zona Sur el lugar donde la mortalidad infantil creció en mayor medida.

Como hipótesis probable podemos afirmar que el nivel socio-económico, que es una variable clave interviniente en el acceso a la salud, se presenta como diferencial para comprender que en las zonas de menores recursos económicos, donde en la mayor cantidad de casos los vecinos sólo cuentan con la cobertura del Sistema Público de Salud de la Ciudad, las muertes van en aumento, y no sucede lo mismo (sino lo contrario)en las comunas de mayores ingresos, donde los servicios a los que se accede son en su mayoría privados. Por otro lado, en la misma publicación se sostiene que “(…) el 55% de las muertes de bebés ocurridas durante el año pasado en la Zona Sur de la Ciudad se debieron a causas que podrían haberse evitado”.

Por otro lado, la mortalidad materna es otro de los indicadores concretos que permiten establecer una evaluación de la situación de salud en un determinado territorio y que, además, da cuenta la desigualdad de género y situaciones de pobreza. En este sentido, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, si bien ha descendido la Tasa de Mortalidad Materna (TMM), hace aproximadamente 3 años que la misma se mantiene estable. Esta tendencia también presenta diferencias en relación a lo que sucede en el resto del país, ya que los porcentajes a nivel nacional indican una tendencia a la caída de la misma.

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En este sentido, dos factores que inciden directamente en los valores de la TMM son las muertes de madres en situaciones de aborto no punible y abortos producidos en embarazos adolescentes. Con respecto al primero en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es de conocimiento general que la posición del gobierno actual implica una negación a los incisos 1 y 2 del Artículo 86 del Código Penal, donde se establece la posibilidad de ejercer esta práctica en los casos en donde corre riesgo la vida y/o salud de la mujer, violación y en embarazo no consentido en mujeres que sufren discapacidad mental. Sin embargo, el debido protocolo sancionado presenta obstáculos que van en contra de lo planteado por el Fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y no permiten su aplicación de hecho. Como afirmamos en otro artículo de La Fábrica Porteña, ¿Qué pasa con el aborto no punible en la Ciudad de Buenos Aires? –publicado el 2 de Diciembre de 2013- esta situación se traduce en “desinformación de los profesionales y trabajadores de la salud, desprotección de la mujer y violación de Derechos Civiles y Humanos”.

Asimismo, en relación a la Ley N°2.110 de Salud Sexual y Reproductiva de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que refiere a la obligatoriedad de enseñar Educación Sexual Integral en todos los niveles de colegios públicos, privados y en los profesorados de formación docente y que tiene como objetivo la brindar acceso a la información necesaria para vivir una sexualidad libre y responsable, se encuentra reglamentada pero su aplicación efectiva es de difícil comprobación. No sólo el presupuesto otorgado fue en descenso si no que también las responsabilidades institucionales se encuentran ejecutadas y redirigidas hacia ONGs, sin haber realizado un monitoreo ni evaluación de las acciones realizadas por las mismas. Durante el 2014, fue transferido 86% del gasto de la partida del Programa de Educación Sexual Integral a ONGs. La disminución de riesgos en este sentido es bastante difícil de comprobar e improbable de ser lograda debido a la falta de jerarquización de la política pública.

Una vez realizado un análisis individual de cada uno de los indicadores propuestos, es necesario un análisis en términos de gestión, implementación e incidencia de política pública. En lo que respecta a esta última y a partir de los resultados de estos indicadores, si bien nos encontramos lejos de cumplir los valores establecidos en los Objetivos del Milenio sobre los valores de morbi-mortalidad materno infantil a nivel nacional, una de las iniciativas más destacables para poder cumplir con las metas pactadas es la implementación del Plan para la Reducción de la Mortalidad Materno Infantil de la Mujer y Adolescentes implementado en 2009 desde el Ministerio de Salud de la Nación–al cual se encuentran adheridas todas las provincias del país excepto la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ésta es una política pública clave que adecúa una estrategia de abordaje diferente para cada una de las jurisdicciones que adhieren, basándose en la especificidad de cada uno de los territorios y que permite buscar las formas para revertir los índices actuales tanto a nivel jurisdiccional como nacional. Asimismo, existen otros programas que constituyen estrategias para revertir las cifras actuales como el Programa Nacional de Prevención del Cáncer Cervicouterino, Plan Nacer y Programa Sumar. En lo que respecta a estos últimos, se pueden identificar datos cruciales y que representan un avance en términos de impacto y gestión de la política sanitaria. Para el año 2013, la TMI fue de 10,8 por cada mil niños nacidos vivos, la más baja de la historia sanitaria nacional y la TMM fue de 3,2 por cada diez mil niños nacidos vivos. Ambos resultados pueden atribuirse a la implementación de una política exitosa impulsada desde el Gobierno Nacional para todas las jurisdicciones del país como es el Programa Sumar, evolución del Plan Nacer.

En contraste y a diferencia de la mayoría de las jurisdicciones del país, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no presenta grandes avances en materia de gestión e implementación de políticas públicas que tengan como objetivo el mejoramiento y seguimiento de las poblaciones a las que hacen referencia los indicadores analizados. Sumado a la clara omisión de esta problemática que puede visualizarse en el crecimiento o tendencia irregular en los valores de los indicadores expresados al comienzo de este informe y a la asignación presupuestaria establecida para la implementación de políticas públicas que incidan en estas poblaciones. Entre otras (no) acciones, en materia de vigilancia epidemiológica (elemento fundamental de planificación en materia de gestión de salud), a pesar de haber creado el Comité de Análisis, Estudio e Investigación de la mortalidad materna e infantil en el año 2011, el mismo fue derogado en el 2012 por el Comité de Análisis, Estudio, Investigación y Prevención de la morbi-mortalidad materna (Ley N°4227 de CABA) bajo la órbita del Ministerio de Salud. Al día de hoy, no existe registro del Comité mencionado ni de la vigilancia epidemiológica correspondiente, razón por lo cual volvemos a corroborar la falta clara de intención de aplicar la legislación correspondiente y seguir de cerca esta problemática en la Ciudad. Es así como la estrategia mencionada para mejorar la salud materno infantil es capitalizada en los hechos reales como desinterés y despreocupación por esta problemática.

Como resultado de esta situación, la falta de intenciones de establecer políticas públicas que sean eficaces para revertir las muertes de niños, niñas y madres, tiene consecuencias materiales drásticas para las personas que viven en la Ciudad de Buenos Aires, principalmente para las que cuentan sólo con la cobertura del sistema público de salud. Por otro lado, estos resultados dan cuenta de las fallas del sistema público de salud en la atención, promoción y prevención de la salud de madres, niños y niñas. Además, la georeferenciación de la TMM y TMI según ingresos de pacientes coincide con el tipo de cobertura que poseen los ciudadanos de la ciudad según la zona de residencia, dejando en claro que el sistema de salud público desprotege a los que más lo necesitan. De esta manera, se comprende que la situación de vulnerabilidad de las poblaciones más afectadas se ve más acentuada por un sistema que no preveé, no protege, ni promociona sino que descuida y excluye a quienes más lo necesitan.

 

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