viernes 15 de diciembre del 2017
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Estado

El estado del Estado

Por La Fábrica Porteña
19-01-2016

Desde el seno del propio Estado, el nuevo gobierno reduce la dimensión estatal a un conjunto de prejuicios y clichés para justificar políticas de reducción de personal sobre una parte del universo laboral al que en su mayoría se desconoce y al mismo tiempo ataca. Las políticas de despidos selectivos ponen en cuestión las promesas “positivas” de campaña del nuevo gobierno. La ocupación de áreas clave del Estado por parte de empresarios y hombres de negocios está en relación con esa concepción de la política y la sociedad.

I.

El actual gobierno de Mauricio Macri abrió una serie de discusiones sobre la función social y política del Estado. A partir de los permanentes ataques sobre la condición de los trabajadores estatales, pasando por el uso de términos como eficiencia, despilfarro, gasto superfluo y ñoqui para referirse a los agentes y a la misma actividad estatal, el nuevo gobierno articula un “imaginario estatal” para producir políticas de reducción de personal como parte del ajuste fiscal anunciado. En este contexto, el avance sobre los trabajadores del Estado supone una nueva mirada y estrategia al interior del propio Estado como organizador de lo político y social.

Una de las primeras cuestiones que llama la atención de un modo significativo es la encendida crítica que el gobierno asume frente al Estado que ellos mismos ocupan y tienen que hacer funcionar, y fundamentalmente, representar frente a la sociedad. Primera cuestión, entonces: funcionarios y políticos a cargo del mando de las instituciones estatales se colocan en una  posición de cierta exterioridad y desconfianza en relación a la administración de lo público, entablando una batalla frente al mismo Estado que conducen. En este marco, nos surge la siguiente pregunta: ¿qué tipo de Estado articulará la Alianza Cambiemos considerando que sus ideas predominantes se sostienen sobre una descalificación del propio Estado como actor legitimador de la política frente a la sociedad, atendiendo al hecho de que el proceso político kirchnerista se asentó sobre la centralidad de lo estatal como elemento expansivo de lo social?

Ello podría significar muchas cuestiones, entre ellas, la desarticulación regulatoria de áreas fundamentales del aparato estatal, una vez que se ha colocado al Estado en el mismo plano conceptual y nivel de funcionamiento que los patrones de mando y de organización de la empresa privada. También puede tener un objetivo más visible si se observa un aspecto central que la Alianza Cambiemos ve como un elemento fundacional de la “nueva política”: el tipo de funcionario y de político que viene a ocupar las principales áreas estratégicas del Estado. En efecto, la selección de funcionarios en espacios clave de la estructura institucional, en su mayoría provenientes del mundo de las empresas multinacionales, revela una noción de la política que se conecta con la ideología liberal del capitalismo global y sus élites económicas. Frente a esta realidad, ideas como las de “instrumentalidad” y “autonomía”, que han servido para pensar las formas del Estado, pueden dar algunas pistas para comprender aspectos del proceso que se acaba de iniciar.

Los cuadros de la Alianza Cambiemos ahora en el gobierno son portadores de una perspectiva de mundo que trasladan las prácticas, valores y objetivos del universo privado a la órbita de lo público-estatal: sobre esa ferviente creencia descansa su concepto de lo público. El nuevo gobierno que encabeza Macri trata a la política de una forma despolitizada; eseseel núcleo de su estrategia política. La ocupación del Estado por conspicuos miembros de las filas empresariales habilita a pensar el “Estado como instrumento”, es decir, estructura de mando que garantiza mejores condiciones políticas para los sectores dominantes de la sociedadque se habían transformadodurante el proceso kirchnerista, tanto a nivel local como internacional, en verdadera oposición a un “estatismo exacerbado”. Visto dialécticamente, ese carácterinstrumental produce para los sectores dominantes una nueva fase de mayor autonomía (económica), abriendo un nuevo ciclo de acumulación (financiera). Para el conjunto de los asalariados, representa una pérdida relativa de poder y un retroceso en los grados de autonomía política y social cristalizados en derechos. Las medidas anunciadas por Prat Gay y otros ministros, se mueven claramente en esa dirección.Si el Estado asume una orientación acorde al ideario pro-mercado (las recientes medidas económico-financieras provienen del más básico manual del liberalismo nativo) en gran medida ello se explicaporque aquellos que lo ocupan proceden de esas filas y expresan esa dirección de las políticas en curso. Esos cuadros son los que en su libro, La gran bifurcación, Duménil y Lévy denominan como una “tercer clase”, los agentes emergentes de los centros del poder del capitalismo financiero articulados con los hombres de negocios desde el poder del Estado. Llega así a establecerse una mímesis entre Estado y extracción social del personal político, cuya inmediata consecuencia es anular la autonomía entre grupos sociales aventajados y Estado, tan necesaria para la estabilidad democrática. De un modo empírico, la historia reciente demuestra que una pérdida de la autonomía tiene claras consecuencias. En principio, trae aparejada una cooptación de lo político por parte de los sectores económicos con más poder social, siempre al acecho del Estado –al que no obstante critican- en detrimento de aquellos sectores portadores de menores recursos económicos y políticos. Esto se explicar a partir de la otra idea, la de “autonomía relativa del Estado”, que entra en conflicto con la de “instrumentalidad”entendida como colonización de sus estructuras de mando y decisión por parte de los cuadros de las clases dominantes.

Como todo gobierno que busca durar en el tiempo, el de Macri tiene entre sus objetivos políticos consolidarse sobre distintos aspectos de la sociedad y construir procesos de legitimación social, avanzando sobre espacios de autonomía que el anterior proceso político había hecho medular. La crítica al Estado desde el Estado y contra el Estado pone en escena una forma de hacer y decir lo político en las democracias contemporáneas, y un modo específico de articular al Estado con la sociedad. Del tipo de relación que cristalice entre estos dos elementos dependerá una parte importante de la política que viene.

NF

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