martes 12 de diciembre del 2017
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IMPUESTOS

La situación tributaria en la Ciudad de Buenos Aires

Por La Fábrica Porteña
06-11-2014

Las fuentes tributarias de los recursos del GCBA han variado considerablemente a lo largo de los dos mandatos de Macri, lo que da cuenta de la profundidad de los cambios que se han introducido en el sistema tributario en las sucesivas modificaciones de la Ley Tarifaria, con lo que se puede hablar de dos sistemas tributarios distintos entre el comienzo de la gestión de Macri y la actualidad. Si bien parte de esos cambios en la recaudación se deben a cambios en la economía, el grueso del incremento está explicado por las modificaciones en los impuestos, esencialmente, los aumentos de Ingresos Brutos, patentes y sellos y la nueva valuación fiscal del ABL que incluye el impuesto inmobiliario.

A pesar de los considerables incrementos nominales del ABL, no son los impuestos sobre el patrimonio (que incluye las patentes) los que han aumentado de manera considerable su participación sobre el total de recursos del GCBA, por el contrario, su proporción relativa ha disminuido entre 2008 y 2014. En 2008, representaban el 17,09 % de los ingresos de la ciudad, en 2014 representaron el 12,29 %, su valor más bajo, y con una tendencia decreciente año a año.

De estos impuestos, los impuestos sobre los inmuebles pasaron del 10,06 % al 7,41 % (ABL e impuesto inmobiliario que se paga con el ABL) y los impuestos sobre los vehículos (patentes y fondo SUBTE) pasaron del 7,03 % al 4,89 %.

Por el contrario, los impuestos que se agrupan bajo “comercio, consumo y transacciones” pasaron de representar el 62,8 % en 2008 al 71,01 % en 2014, siendo esta categoría la que más aumenta, a partir del incremento considerable de dos impuestos puntuales: ingresos brutos y sellos. El primero, pasa del 59,6 % en 2008 al 64,53 % en 2014; el segundo, de 2,53 % a 5,99 %.

El incremento en ingresos brutos ha sido sostenido a lo largo de estos años. En 2013, por ejemplo, se dispuso un incremento para los rubros “comercialización” y “prestaciones de obras y servicios” del 3 % al 3,75 %, al 4 % y al 5 % según el rubro y el monto, lo que implica un aumento en un solo año de más del 25 % sobre la base nominal sobre la que se imputa el impuesto, más allá de los incrementos de los precios. En “construcción” en el mismo año se elevó del 3 al 4 % según el monto y del 6,5% al 7 % en “producción de bienes”. En el sector financiero, se elevó del 6 al 7 % la alícuota.

El impuesto a los sellos, en el mismo año, se elevó del 0,8 % la alícuota general, del 2,5 % al 3,6 % en la venta de inmuebles (lo que encarece el costo de las escrituras y por ende la compra y venta de viviendas) y del 1,5 % al 3 % la venta de automóviles usados.

En 2014, los aumentos de este tipo continuaron: los ingresos brutos aumentaron del 3,5 % al 15 % por la venta al por menor de automóviles nuevos y estableció una alícuota del 1,1 % a las organizaciones sin fines de lucro por ingresos derivados de actividades industriales o de servicios. A su vez, se elevó el impuesto a los sellos para los automóviles nuevos, que pasó del 1 % al 3 %.

De esta forma, se observa cómo a pesar de los sucesivos incrementos del ABL y el impuesto inmobiliario por la nueva valuación fiscal, cuyo aumento sería mucho mayor de no ser limitado a un tope de hasta 30 % año a año por la Legislatura, el incremento de la presión tributaria es todavía mayor sobre el consumo, el comercio y las actividades productivas.

Por otro lado, a diferencia de los impuestos sobre el patrimonio, que no son trasladables, los impuestos sobre las empresas en definitiva son trasladados a los consumidores, licuando el poder del consumo de las familias y disminuyendo el nivel de demanda agregada de la economía, lo que ralentiza el crecimiento.

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