martes 12 de diciembre del 2017
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IDEAS y HECHOS

Desarrollismo PRO: ideas y hechos

Por DESARROLLO ECONÓMICO
22-06-2014

La Fundación Pensar, la “usina de ideas” del PRO, tiene dentro de sus intereses principales debatir sobre el desarrollo económico del país. Mauricio Macri suele afirmar que cuenta con el mejor equipo desde Frondizi para acá. Analizar sus planteos y cruzarlo con las políticas públicas implementadas en la Ciudad de Buenos Aires puede ser clarificador; nos puede mostrar como el PRO imagina la Argentina del futuro (y cuanto hace por ello).

Las ideas

En distintos artículos, firmados el año pasado, José Anchorena, director del área de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar, marcó las líneas principales del pensamiento “desarrollista” PRO.

En “La banca central. ¿Herramienta para el desarrollo o la estabilidad?” Anchorena afirma que hoy día existen tres propuestas de desarrollo en el país: el kirchnerismo, un socialismo anticuado y un desarrollismo moderno (este último expresado en el PRO). Sin embargo, considera que tanto el socialismo como el desarrollismo moderno son tibias expresiones “porque en un país cada vez más centralizado fiscalmente es difícil implementar eficazmente un modelo en un gobierno provincial”. Resulta llamativo que Anchorena considere que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con el tercer presupuesto del país, en el distrito más rico de la nación, no tenga herramientas suficientes para ser algo más que una tibia expresión. Por otro lado, queda poco clara cuál es la evidencia de la centralización fiscal, mito muy instalado en el discurso pero con poco sustento empírico. La Ley de Coparticipación no ha sido modificada, la división constitucional entre los impuestos que corresponden al Estado nacional y a las provincias tampoco, y por otro lado, el Gobierno ha decidido unilateralmente coparticipar un impuesto que constitucionalmente le corresponde solo a la Nación, como son los derechos de exportación mediante el Fondo Federal Solidario.

Lo principal para el director del área de DE de la Fundación Pensar es la productividad, allí reside, para él, el núcleo del desarrollo. En un segundo texto (“Macro y después. El desafío de la productividad”) especifica claramente cuales son sus planteos centrales en relación al tema. Parte del siguiente diagnostico: hay una amplia dispersión de productividad entre personas, firmas y sectores. Anchorena considera que la dispersión entre personas es “un reflejo de la desigualdad en salud y educación, por lo que invertir en cantidad y calidad de salud y educación debe ser prioritario”. Aquella que existe entre firmas se debe a distorsiones vinculadas a una economía informal grande. Los desafíos, según el autor, son formalizar el trabajo y a las empresas; las herramientas: reconsiderar los esquemas impositivos al trabajo y a la actividad productiva y comercial. La última, la dispersión entre sectores se debe, en gran parte, a los vaivenes del tipo de cambio real. Por eso “en lugar de políticas económicas que favorecen la productividad en un sector respecto a otro, para luego revertir las preferencias, debemos establecer políticas económicas que mejoren la productividad de todos los sectores simultáneamente: mejoras en infraestructura de todo tipo, desde autopistas, trenes y puertos, hasta energía y su distribución, cloacas y comunicaciones; el desarrollo de un sistema financiero profundo; el énfasis en el desarrollo científico, tecnológico y de innovación como base del desarrollo económico y social; el establecimiento de una política comercial externa de reglas claras y previsibles, y la construcción de un estado meritocrático, eficaz y eficiente que solucione problemas en cambio de generar rentas artificiales para grupos específicos”.

Un detalle no menor: el artículo cierra con una referencia a Arnold Harberger (“En suma, se trata de crear un ambiente en el cual se puedan realizar las mil y una reducciones de costos de las que hablaba Arnold Harberger en su discurso de 1998.”).  Considerado como el líder que dirigió la invasión de Latinoamérica por los “Chicago Boys”, Harberger, en una entrevista reciente, defendió al gobierno de Pinochet, a quien asesoró.

En algunos de los puntos que menciona Anchorena la mayoría de la población está de acuerdo. ¿Quién se opondría a alcanzar mayores niveles de educación, salud, ciencia y tecnología? Otros, en cambio, suenan a un discurso típicamente neoliberal. Ahora bien, más allá del discurso veamos cómo se expresan estas ideas en la práctica y cómo se vinculan con la gestión del PRO en la Ciudad.

Los hechos I

En primer lugar, resaltemos un par de puntos a considerar: la escasísima inserción mundial de la Ciudad y su bajo nivel de crecimiento.

En 2012, las exportaciones de la Ciudad de Buenos Aires totalizaron USD 419,1 M. Seis millones menos que en el 2011, y 24 millones menos que en 2008. Los 419 millones de dólares que exportó la Ciudad de Buenos Aires en 2012 representaron sólo el 0,5% de los dólares totales ingresados al país en concepto de exportaciones. Hace 20 años, en 1994, ese porcentaje era de 1,94%; en 2000 era de 0,9%. Desde entonces no detiene la caída. En los últimos años, desde la salida de la convertibilidad, se observan dos etapas bien claras en la que el año 2008 es la bisagra. Hasta ese año el crecimiento de las exportaciones porteñas acompañó al nacional. Luego, la Ciudad decreció mientras la Nación creció (ver Cuadro 1).

Dentro de este volumen de exportaciones, se mantiene la histórica predominancia de las manufacturas de origen industrial (265,4M). Hasta el tercer trimestre de 2012, las partidas más exportadas fueron: Hormonas naturales o reproducidas por síntesis (USD 51,3 M); Medicamentos para usos terapéuticos o profilácticos (USD 45,7 M); Cueros y pieles curtidos sin otra preparación (USD 31,8 M); Salvados, moyuelos y demás residuos, incluso en pellets (USD 22,3 M); y Despojos comestibles de animales (USD 8,5M). El principal destino de la producción local fue el MERCOSUR (24,7%), seguido por la Unión Europea (23,4%).

La Ciudad de Buenos Aires no es líder nacional en ningún producto ni en ningún mercado. Si tomamos los veinte productos principales que exporta y los comparamos con las exportaciones nacionales de los mismos productos vemos que el porcentaje sigue siendo ínfimo: 1,6%. Lo mismo ocurre con los veinte destinos importantes (representan el 0,8% de los envíos a esos países)

Un informe del GCBA afirma en este sentido: “… la Ciudad de Buenos Aires presenta un débil perfil exportador en términos de bienes que explica la baja relevancia de los envíos al exterior tanto en la economía local (medida, entre otros indicadores, a través del cociente exportaciones/Producto Bruto Geográfico) como en las ventas externas argentinas. […] Entre los factores que explican la casi nula incidencia de las exportaciones de la Ciudad en el agregado nacional -algunos de ellos mencionados en los anteriores apartados- se destacan: el escaso tamaño de la base exportadora porteña y la histórica orientación del conjunto de empresas locales hacia el mercado interno. Ambos aspectos se dan en un marco general caracterizado por estructuras productivas y exportadoras locales y nacionales de conformaciones distintas: la economía del distrito está basada mayormente en actividades comerciales y de servicios, mientras que a nivel nacional adquieren relevancia las ramas productoras de bienes primarios y de combustibles y energía. Sin embargo, focalizando en el patrón de especialización productiva de la Ciudad, con significativa presencia (entre otros sectores) de empresas de las ramas textil, químicas y las asociadas a las industrias culturales, se vislumbra una mayor importancia del distrito en cuanto proveedor de bienes exportables asociados a estos subsectores.” Como los números lo muestran, poco ha hecho el GCBA por insertar a Buenos Aires al mundo, por lo menos escasos han sido sus resultados.

En lo que respecta a crecimiento, entre 2005 y 2007 el producto nacional y el Producto Geográfico Bruto de la ciudad resultaron similares. Entre 2007 y 2011, en cambio, resultó mayor el nacional (ver Gráfico 2). Ambos puntos dejan entrever que el GCBA no le está dando a la Ciudad ese “plus” que el macrismo dice tener.

La participación del valor agregado bruto de la Ciudad de Buenos Aires en el nacional a valores corrientes representa cerca de 25%. Sus principales categorías son: servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler (20,7% – a valores de 2011), comercio (14,5%), industria manufacturera (10,9%), intermediación financiera (10,8%), y servicios de transporte, almacenamiento y de comunicaciones (10,3%). El importante crecimiento (de más de 10 puntos) en la Ciudad de los años 2005 y 2006 fue empujado por la construcción (29,8) y la intermediación financiera (21,5). A partir de 2008, los índice de crecimiento disminuyeron y ninguna actividad demostró una dinámica por encima del promedio.

Los hechos II

 Más allá de estas variantes analicemos ahora específicamente la “traducción” de las ideas planteadas por Anchorena en políticas públicas.

En primer lugar, afirma que invertir en cantidad y calidad de salud y educación debe ser prioritario si se busca disminuir la dispersión de productividad entre personas. Sin embargo, si se realiza un detallado análisis presupuestario en CABA, se observa que a lo largo de los años macrista disminuyen en forma sostenida los servicios sociales, siendo el 2014 el peor año en participación presupuestaria para esta función, al mismo tiempo que aumentan el peso de la deuda, los servicios económicos y de seguridad, y la Administración Pública. Por ejemplo, la participación sobre el presupuesto de la educación disminuye de manera sostenida, siendo el proyectado para 2014 su peor año (23,3 % frente a 28,2 % de 2007) mientras que la participación de la salud tiene un comportamiento más errático pero decreciente desde 2007, siendo 2013 su peor año y el proyectado 2014 el segundo peor. A estas caídas presupuestarias se sumaron rebajas salariales, transferencias de fondos de hospitales a publicidad, subejecuciones presupuestarias, el fracaso de la inscripción on-line en las escuelas porteñas y la consabida falta de vacantes en el nivel inicial.

En segundo lugar, las distorsiones vinculadas a una economía informal y el desafío de formalizar el trabajo y a las empresas que propone Anchorena sólo se daría a través de rebajas impositivas. Las recientes denuncias de comuneros del FPV sobre la falta de controles contra la trata laboral en talleres clandestinos son una muestra del camino elegido. La Ley 3.019 que obliga a la Ciudad a inspeccionar y regularizar los talleres textiles fue aprobada hace más de cuatros años. Sin embargo, nunca fue reglamentada. ¿Cómo se propone disminuir el trabajo no registrado el Pro si no hay fiscalización de los inspectores de la Secretaría de Trabajo porteña?

Por último, la Fundación Pensar llama a mejorar la productividad de todos los sectores simultáneamente a través de infraestructura, inserción mundial y desarrollo tecnológico. En contraposición debemos mencionar los escasos avances en infraestructura realizados en los últimos seis años en Buenos Aires (no basta con kilómetros de bicisenda y algunos “sapitos”), un Estado “meritocrático, eficaz y eficiente” que subejecuta de manera reiterada,  que el énfasis en el desarrollo científico y tecnológico no tiene real injerencia ni dirección estatal sino que está basado puramente en una inversión privada incentivada por subvenciones impositivas para empresas, y que como observamos antes la inserción internacional de la ciudad (expresada en sus exportaciones) es pobrísima.

En síntesis, el discurso macrista en pos de un mayor desarrollo y mayores niveles de productividad no se condice con lo que el gobierno macrista hace en la Ciudad. El Estado porteño cuenta con un presupuesto de 60.000 millones de pesos para 2014. El PRO no se puede escudar en la centralidad fiscal para eludir compromisos que le son propios.

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