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OPINIÓN

Inclusión y cultura. Una batalla que debemos ganar

Por CULTURA
29-08-2013

En todo paradigma o modelo político existen ideas que orientan la visión sobre la vida social y vertebran el rumbo de las acciones públicas. En el actual contexto nacional sobresale la inclusión como una noción que tiñe toda la vida democrática.

Podemos comenzar a  definir la inclusión a través de su concepto opuesto: la exclusión. Este término hace referencia a la existencia de grupos que ven limitadas sus oportunidades económicas, sociales, culturales y políticas produciendo efectos muy conflictivos en su vida cotidiana. Del mismo modo, la inclusión referencia una mirada interdisciplinaria que vincula políticas concretas relacionadas con la pobreza, los derechos políticos y la ciudadanía con la intención de solucionar las problemáticas sociales. Ambos conceptos forman una ecuación (exclusión/inclusión) muy útil a la hora de analizar la vida democrática.

Cuando la inclusión es objetivo y política efectiva los sujetos sociales pueden optar por diferentes alternativas hegemónicas en conflicto, y esto es significativo porque elegir es una condición sine qua non a la hora de participar en proyectos colectivos que generen transformaciones sociales. En este sentido la construcción de sujetos con una visión crítica sobre la cultura que los rodea es una tarea importante de las prácticas simbólicas. Apelemos a la memoria para ahondar un poco más estos temas.

Después de la dictadura, la idea de libertad individual apareció como el valor central del neoliberalismo instalado hegemónicamente en el país. Esta idea, y otras que resultaron centrales relacionadas por ejemplo con la producción de origen nacional, tenían una circulación cultural minoritaria de larga data, pero el neoliberalismo las construyó mayoritarias. En sintonía con esto las subjetividades se ligaron a comunidades más pequeñas, menos generales, mas fragmentadas.

En esta concepción cada individuo debía ser responsable de sus acciones, de su bienestar, y al extenderse este ideal de responsabilidad personal se posibilitó la amplia privatización de la salud, de la educación y se propició la liberalización del mercado laboral. Otros aspectos importantes en los cambios operados por la cultura neoliberal fueron la creación de una ficción jurídica, en la que cada empresa o corporación funcionaba como un individuo ante la ley. Para fortalecer estas prácticas (que siguen hasta la actualidad) se creó de manera funcional un registro moral de lo político estableciendo sus definiciones en términos maniqueos de buenos y malos.

¨La tendencia dominante en el pensamiento liberal se caracteriza por un enfoque racionalista e individualista que impide reconocer la naturaleza de las identidades colectivas¨  Chantal Mouffe en En torno de lo político.

Entonces una primera conclusión tentativa, sería pensar que cuando una concepción política tiene al individuo como punto de referencia, difícilmente pueda hacerse responsable de las problemáticas sociales, porque niega constitutivamente la naturaleza pluralista y conflictiva del mundo democrático.

 La hegemonía neoliberal dejó a partir de la década de los ´90 una impronta con un alcance y profundidad muy importante en las ideas y las prácticas de la vida política  y social. De la reconfiguración de las formas de poder tradicionales surgieron nuevos sectores de la economía, como por ejemplo las comunicaciones y la informática  y junto con esto, aparecieron nuevos sujetos sociales como los altos directivos de las corporaciones y ciertos personajes de la farándula y los deportes, que encarnaron el éxito y el progreso del país. De esta manera se iba instalando una nueva instancia de poder en la Argentina que  no sólo destruyó la soberanía del Estado, sino que construyó una cultura funcional a estos cambios dando por finalizados los aspectos más importantes de la cultura popular: la ¨sociedad salarial¨ , con una fuerte tradición de lucha sindical y la pertenencia a la comunidad nacional.

La identidad, el interculturalismo y los ámbitos de justicia y protección social se vieron prácticamente desbastados por las políticas implementadas. ¨El contacto con el trabajo era más fragmentado y efímero, lo que significaba que  las identidades trabajadoras que habían vertebrado el mundo popular también entraban en crisis. ¿De qué comunidad, de qué clase o de qué movimiento podía sentirse uno parte en este contexto?¨ (Historia de las clases populares en la Argentina. Ezequiel Adamovsky) En sintonía con estas situaciones sería importante preguntarnos ¿cómo tuvieron un consentimiento social tan alto los grupos políticos y económicos que instalaron un poder para las élites y dejaron afuera a grandes sectores de la sociedad?

Una de las posibles respuestas a estas preguntas podría girar en torno a los significativos cambios operados en la cultura antes citados, y agregaríamos que,  si en el pasado las élites debían ¨educar al soberano¨ disciplinándolo, con la hegemonía neoliberal asistimos a una apropiación de la cultura popular y de la pertenencia política, por parte de esas mismas élites. Poner en voz y en acto la demostración de pasiones o emociones o adquirir gustos ¨inapropiados¨ para su clase, como por ejemplo el gusto por la cumbia o el interés por los clubes de futbol, posibilitaron fabricar una supuesta inclusión y democratización en el momento de mayor exclusión del Estado y de la ciudadanía.

¿Cómo nos sigue afectando esta concepción cultural hoy en día?

Actualmente en la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri  mantiene estos mismos ideales, por eso para su gestión los ciudadanos no pertenecen a un colectivo social: simplemente son vecinos votantes o vecinos consumidores individuales según el caso. De hecho la Subsecretaría de Atención Ciudadana no posibilita la creación de más y mejor ciudadanía promoviendo por ejemplo más derechos civiles, sino que está abocada casi exclusivamente como se puede observar en su página Web, a la Defensa y Protección del Consumidor

  • Cómo denunciar
  • Dónde denunciar
  • Recomendaciones para ejercer mejor los  derechos del consumidor
  • Educación del consumidor
  • Lealtad comercial
  • Registro de Medicina Prepagas
  • Administración de consorcios

Como podemos ver, la gestión apela a la responsabilidad individual para la resolución de las problemáticas colectivas de los porteños, y no concibe la participación comunitaria en la búsqueda de sus soluciones. Ni la vivienda, ni la salud, ni la educación, ni cualquier ámbito de la vida cotidiana, pueden ser pensados por el neoliberalismo fuera de las coordenadas mercantiles, por eso creemos que desde esta sesgada concepción privatizadora y cooptada por profesionales del poder, la inserción de amplios sectores de la sociedad es imposible, salvo que sea una ficción.

¿Pero porqué es tan importante la inclusión para los porteños y cuál es su vínculo con la cultura?

Todos los ciudadanos tienen derecho a disfrutar de los beneficios del progreso científico, tecnológico y artístico y en este sentido el Estado debe asegurar el pleno ejercicio de los derechos culturales. Para lograrlo debe contar con algunos dispositivos que permitan analizar la información que afecta la evolución del campo de la cultura porteña para elaborar políticas públicas más adecuadas en su situación real.

En nuestra opinión sería de mucha utilidad, enriquecer los indicadores culturales utilizados actualmente, tales como la cantidad de espectadores de cine o teatro, de libros editados, de diarios, de usuarios de internet, de empleo en el sector de la cultura, de usuarios de cable, etc., para poder medir la brecha cultural en términos de inclusión /exclusión.

Para ello sería interesante sumar a los indicadores usuales antes citados, los aspectos ambientales, sociales, económicos y culturales de los diferentes colectivos teniendo en cuenta niveles socioeconómicos, oportunidades y competencias en el acceso a la cultura. De esta manera a la mirada cuantitativa le sumamos otra cualitativa, la inclusión: concebida de manera interdisciplinaria y pensada como una praxis que posibilite la elaboración de políticas públicas equitativas para la construcción, administración, expansión y desarrollo democrático del ejercicio del derecho a la cultura.

Y esto nos lleva ineludiblemente a la participación. Pensar en una Ciudad de Buenos Aires con una amplia participación democrática, alejada de los imperativos de la exigencia individual, nos ayudaría significativamente en la expresión de los intereses colectivos y permitiría también, alcanzar los objetivos económicos, sociales y políticos de los diferentes grupos que componen la sociedad porteña al permitir el reconocimiento del pluralismo constitutivo del proceso democratizador.

 Entonces una verdadera inclusión en la Ciudad de Buenos Aires nos permitiría:

 Superar la brecha cultural producto de la desigualdad social.

Posibilitar el acceso democrático a los bienes culturales.

Generar conocimientos y competencias que le otorguen a los ciudadanos posibilidades de elegir entre opciones tanto políticas como culturales (diferentes relatos por ejemplo)

Lograr una participación social real en la toma de decisiones.

Para dar esta batalla cultural es necesario atreverse a romper con los requerimientos del mercado, e incluyéndonos a todos, pensar nuestra identidad como el fruto de una praxis que nos ayude a superar las desigualdades provocadas por el neoliberalismo.  Nuestra tarea es desenmascarar su ficción democrática y al mismo tiempo, proponer una nueva política cultural más inclusiva.  En esa tarea estamos todos los días.

 

Marcela Martínez Parera

Librera, Editora, Artes (UBA)

Frente Grande

 

 

 

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