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INFORME

Puro Show: El megaevento como cultura

Por La Fábrica Porteña
02-08-2013

Publicado en Agencia Paco Urondo el 2 de agosto de 2013

En Cultura, nuestra PROpuesta ( libro que contiene la propuesta política en cultura del entonces candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Mauricio Macri inaugura su marketinero manifiesto afirmando que la Cultura debe ser concebida “alejada de estériles concepciones que la limitan al espectáculo y al entretenimiento, con todo su poder regenerador, con toda su capacidad de reparar aquello que más necesitamos reconstruir: el capital social”( “Cultura, nuestra propuesta”, Buenos Aires, 2006, Página 9).

Sin entrar en un análisis detallado de esta afirmación que genera más de una inquietud, resulta interesante contrastarla con datos concretos para examinar si efectivamente sus políticas culturales buscan algo más que entretener a los habitantes de la Ciudad Autónoma. Es decir, evaluar cuanti y cualitativamente algunos de los resultados de su gestión para analizar indirectamente la eficiencia de sus políticas en términos de acceso a la cultura.

En primer lugar es útil analizar la evolución de la cantidad de actividades y asistentes en centros culturales. Por un lado desde 2008 se observa una disminución de la cantidad de actividades en los centros culturales barriales (de 3.250 en 2008 a 2.641 en 2012), y al mismo tiempo un aumento considerable del número de asistentes (de 522.501 en 2008 a 848.954 en 2012).

Sin embargo, como se muestra en el gráfico 1, cuando se analizan los aumentos por tipo de actividad se evidencia que la única categoría que aumentó cuantiosamente su convocatoria en estos años es el “megaevento” (de 34.094 a 418.673)

Asimismo, se observa un estancamiento de la cantidad de actividades de enseñanza y asistentes en los mismos centros culturales barriales. Mientras que en 2007 se realizaron más de 1.457 actividades y asistieron 30.402 personas, en 2012 el número de actividades disminuyó a 1.128, y el número de asistentes apenas aumentó (30.509).

En segundo lugar, también con respecto al acceso a la cultura, resulta interesante examinar la evolución de la cantidad de asistentes a museos de la ciudad de Buenos Aires, cuya cifra disminuyó de 711.017 en 2002 a 507.718 asistentes en 2012.

Es un hecho que las transformaciones socioculturales asociadas a las nuevas tecnologías y todas las posibilidades que ellas ofrecen representan un desafío para los gestores culturales. Nuevos consumos culturales, públicos con intereses diversos, innovadoras formas de expresión artística, otras maneras de relacionarse con la cultura, tecnologías que permiten miradas y acercamientos diferentes, etc., son fenómenos que afectan el diseño y la implementación de las políticas culturales en la actualidad.

En este sentido, la disminución del numero de asistentes a los museos de la Ciudad podría entenderse como una consecuencia lógica de estas transformaciones en las prácticas de los consumos culturas. Sin embargo esta hipótesis, que puede resultar cómoda y tranquilizadoras para las autoridades porteñas responsables de promover la cultura y fomentar su acceso, es fácilmente refutable.

Para ello es útil comparar los resultados de los museos de la Ciudad con aquellos obtenidos por los museos nacionales ubicados en esta misma jurisdicción. Si la razón de esta disminución se relaciona con modificaciones en las prácticas de consumo sociocultural, este resultado negativo debería repetirse.

Sin embargo esto no es lo que sucede: mientras que los museos de la ciudad tuvieron una reducción del 28,59% en sus asistentes, los museos nacionales ubicados en esta jurisdicción tuvieron un aumento más que considerable: de 237.518 asistentes en 2002 aumentaron a 2.216.247 en 2012. El gráfico 2 muestra las tendencias rotundamente diferentes.

Nuevamente, es cierto que las prácticas de consumo cultural están sufriendo importantes modificaciones y esto provoca nuevos retos para los funcionarios del sector de la cultura. Sin embargo, aunque abordar satisfactoriamente estos cambios no es algo sencillo, tampoco resulta útil continuar meramente administrando como si estos cambios desafiantes no sucedieran de hecho.

Todo lo contrario, si realmente se pretende llevar adelante políticas que fomenten la cultura, se debe reflexionar sobre estas transformaciones, evaluar sus posibilidades y trabajar para aprovecharlas creativamente en pos de democratizar tanto el acceso como la producción cultural.

En este sentido a través de los datos puede observarse que el PRO diseña e implementa políticas que asocian a la cultura con el entretenimiento, el pasatiempo, o la diversión, y no con su “poder regenerador”, como afirma Macri al comienzo de este artículo. Así, bajo la bandera del megaevento y amparándose en una concepción restringida de la cultura, descuidan centros culturales, menosprecian museos y, fundamentalmente, no facilitan ni fomentan su democratización.

 

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