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Cultura y turismo

Por CULTURA
13-08-2013

Uno de los principales objetivos de la política cultural que el macrismo viene llevando a cabo desde el 2007 es posicionar a la Ciudad de Buenos Aires como destino turístico, fundamentalmente para el exterior. Es una estrategia que promueve la cultura como insumo del mercado, en tanto dinamizador de la oferta que tiene la Ciudad; pero que también provoca consecuencias sobre el tipo de actividad cultural que se fomenta desde el Estado porteño. Ello, progresivamente va moldeando y transformando el perfil cultural de la Ciudad, en función de lo que el turismo (internacional principalmente) demanda.

 A partir de su asunción en 2007, el macrismo tomó la decisión de vincular fuertemente los ámbitos donde se desarrollaba las políticas de fomento a la cultura y al turismo. Por ello, la Agencia de Turismo, que es la unidad ejecutora de la Ley 2.627, que crea el Ente de Turismo y el Consejo Asesor de Turismo, se incluyó dentro del organigrama del Ministerio de Cultura. La partida que se le asigna es llamativamente alta: en el 2013, por ejemplo, recibió algo más de 36 millones de pesos (que representa más del 3% del total del presupuesto asignado a todas las unidades ejecutoras del Ministerio, y que es mayor por ejemplo que el porcentual que se le asigna a la unidad encargada de organizar y producir los Festivales de la Ciudad, una de las principales políticas culturales del macrismo).

 La Agencia de Turismo, para 2013, se propone como objetivo principal “posicionar a la Ciudad como destino turístico Internacional” y para ello considera que es necesario desarrollar, jerarquizar y modernizar la “oferta turística de la Ciudad, atendiendo razones asociadas a la mejora en la calidad tanto de servicios como de bienes públicos, de descentralización territorial, garantizando criterios de sostenibilidad económica, social, cultural y ambiental”. Con este fin, plantean cuatro ejes estratégicos: “Promover a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como Ciudad de todos los argentinos”, con el objetivo de fomentar el turismo nacional (aunque no quedan claro cuáles son específicamente las acciones tendientes a fomentar ese tipo de turismo por parte del Gobierno de la Ciudad); “Posicionar la imagen de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como capital cultural Argentina y Latinoamérica”; “Aumentar la afluencia de visitantes”; y, por último, “Fortalecer la ocupación de alojamiento durante los feriados puente a partir de la difusión de la agenda cultural”.

 Además, el Presupuesto del Ministerio de Cultura 2013 prevé la creación de una Subsecretaría de Turismo (que se constituye por fuera de la Agencia de Turismo, sin explicar por qué), que cuenta con un presupuesto propio de más de 800 mil pesos. Según el presupuesto, en el seno de esa Subsecretaría va a desarrollarse el programa de “Asesoramiento Turístico”, del cual no se detallan los objetivos ni las metas físicas.

 Evidentemente, el objetivo de incluir a la Agencia de Turismo dentro del Ministerio de Cultura tiene que ver con la intención de utilizar a la cultura de la ciudad como uno de sus principales atractivos turísticos. Así las cosas, uno de los objetivos de la política cultural es potenciar el desarrollo de actividades culturales que resulten atractivas para el visitante, con lo que el riesgo que ello conlleva en el sentido de caricaturizar nuestra identidad para el consumo enlatado por parte del turista.

 Por ejemplo, durante el cierre del Festival y Mundial de Tango 2012 se destacó como uno de los logros del festival a la gran cantidad de turistas (extranjeros y nacionales) que decidieron visitar la ciudad por el festival. Al respecto, el informe de prensa que emitieron las autoridades señala que: “El Festival y Mundial de Tango es un gran motivador de viajes a la Ciudad. (…) hubo este año con respecto a 2011 un crecimiento de los turistas tanto internacionales como nacionales que exclusivamente decidieron su viaje exclusivamente por el Festival y Campeonato (…) Nos interesa destacar, por un lado, la alta proporción de turistas extranjeros, en relación con los nacionales que se estimó para ese festival (…). En el mismo sentido, el ministro del área, Hernán Lombardi, observaba que “estimamos que los turistas y visitantes asistentes este año al Festival y Campeonato de Tango serán no menos de 70.000 en una proporción de 70% extranjeros y 30% de nacionales”.

 Los énfasis en la comunicación revelan los objetivos de la gestión: reducir la diversidad cultural porteña y argentina a un puñado de íconos (tango, mate, asado, gaucho) que permitan ofertarlos en un mercado de alto poder adquisitivo, dejando de lado e invisibilizando expresiones igualmente genuinas de cultura popular.

 Esta exagerada vinculación entre la cultura y el turismo convierte al público en mero espectador, jamás en protagonista, ahondando una lógica mercantil de cliente-producto.

 De los 707 establecimientos que funcionan en la Ciudad como alojamiento turístico, el 90% se concentran solamente en 9 barrios de la Ciudad de Buenos Aires: Almagro, Balvanera, Constitución, Monserrat, Palermo, Recoleta, Retiro, San Nicolás y San Telmo. En 8 de esos barrios está el 75% de salas habilitadas en las que se pueden representar espectáculos de teatro, de danza y/o de música y allí se concentran, salvo contadas excepciones, la casi totalidad de ofertas culturales callejeras promovidas por el Gobierno de la Ciudad.

 Si bien es correcto fomentar el turismo cultural como una de las dimensiones de la política pública tal como lo plantea el macrismo la cultura queda como un mero ornamento, y así abandona el paradigma de derechos que destaca el costado inclusivo y reparador del tejido social del que potencialmente goza la cultura

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