jueves 14 de diciembre del 2017
Cultura

La Ciudad de Buenos Aires ha funcionado históricamente como un faro cultural tanto a nivel nacional como latinoamericano, un rol que desarrolló en buena medida gracias a una ciudadanía activamente comprometida en la generación de una cultura porteña sobre la base de la pluralidad y la inclusión. En términos de política cultural, sin embargo, la gestión macrista del Ministerio de Cultura de la Ciudad conlleva la marca de una aproximación a las industrias culturales y el turismo como formas de privilegiar el desarrollo puramente económico por sobre su obligación, en tanto Estado, de garantizar los derechos culturales de todos los ciudadanos. Sin desmerecer la importancia que tiene el desarrollo de un mercado cultural, es preciso que las políticas públicas del área colaboren con un proceso de democratización de estos mercados a fin de dar lugar a propuestas culturales concebidas como herramientas de transformación social.

La producción y los circuitos de circulación de la cultura forman parte de un mercado que se mueve captando y desechando constantemente aquellos productos que le interesan, y conformando un sistema que los posiciona ya sea dentro de un ámbito hegemónico o en los márgenes del circuito cultural. En ese movimiento propone, al mismo tiempo, una definición muy particular de “cultura”.

En la ciudad de Buenos Aires, la regla general es que los sectores populares todavía se hallan relegados del circuito cultural más amplio, y esto de alguna forma reproduce una y otra vez su lugar en los márgenes de la sociedad porteña (y de la ciudad en sí misma) El Estado, como garante del derecho a la cultura, debe crear tanto las condiciones de democratización de su acceso, como aquellas necesarias para el desarrollo de manifestaciones culturales comunitarias. Un Estado porteño debe ser el responsable de fomentar el crecimiento de expresiones culturales que produzcan ganancias sociales a partir de la conformación de identidades culturales; un Estado que, partiendo de lo público, establezca lazos con los diferentes actores socio-culturales, en lugar de vínculos basados en la necesidad de socios y patrocinadores.

 

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